La presentación de mi libro

Hay regalos que vienen con un lazo enorme y otros que no pueden envolverse. Y yo tuve la suerte de recibir uno de ellos.

El año pasado empecé una costumbre, que quiero que se convierta en tradición: un post que ninguna de ellas puede leer hasta ser publicado. Es una licencia que me tomo para dar las gracias y este año, no podía ser menos que el anterior, porque hay  más motivos que nunca.

Al terminar de escribir un libro sientes que has llegado al final, pero en realidad es solo el principio.  Han sido dos años intensos de trabajo silencioso y bastante soledad, por otra parte necesaria. Donde muchas veces, las únicas sonrisas y conversaciones que tenía por la mañana eran las suyas  y  el único paseo que daba era hasta González del Valle. Los escritores no tenemos compañeros de trabajo. Y las musas no toman café ni fuman.

Entre boda y boda, les iba contando como avanzaba el libro. Y ellas iban viviendo  la historia del libro como un noviazgo y luego el proceso de publicación como el de una boda, nervios incluidos.

Recuerdo el día que les enseñe la copia 0, los abrazos que me dieron no los olvidare nunca.

Unos días antes de la presentación fui al Club de Tenis con Belén para ver el salón. Estaba vacío y oscuro. Hablamos de cómo iba a ser el acto y me puse en sus manos. No necesitaba saber los detalles de lo que iban a hacer, las conocía a ellas y ellas a mí. Carta blanca.

El día 21 por la mañana recibí varios ramos y centros de flores, justo cuando  empezaba el invierno en la calle, en mi casa era primavera.

Yo fui al Tenis temprano y nada más subir las escaleras, vi un bodegón con cientos de libros colocados con todo el cariño del mundo, junto a un centro despeinado de esos que tanto me gustan.

Al entrar en el salón, lleno de sillas pero aun sin gente, me quede mirando la mesa presidencial. Nunca podría haber imaginado nada más solemne y bonito. Me podría haber quedado allí mucho más tiempo, pero al empezar a escuchar el ruido de la gente que subía, decidí retirarme a una pequeña sala que había detrás.

Allí recibí alguna que otra visita y un ramo de rosas que me llevo Covadonga Plaza, junto con un abrazo.

Cuando volví a entrar en el salón, estaba hasta la bandera. No podría poner letra a lo que sentí, pero fue increíble.

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fotos: Mercedes Blanco

El acto fue muy emocionante. Belén, Bea, Elena y Mónica estuvieron allí. Recuerdo sus abrazos al acabar y creo que en las dedicatorias del libro intente devolverles un poco de todo el cariño que me han dado.

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Foto: Mercedes Blanco.

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Foto:Maca Castaño

Podría pensarse que el regalo acaba aquí, y seria ya extraordinario. Pero hubo más. Semanas después, mis libros están en su escaparate. Detrás del cristal que tantas veces he mirado, en la calle por la que tantas veces he subido y bajo, aunque no fuera el camino más corto, solo por ver las flores.

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Y entonces me doy cuenta de que hay personas que regalan cosas, y otras que son un regalo.

Gracias por tanto.

 

 

 

 

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