Una boda en Mérida III

En el antiguo secadero de tabaco pasamos varios días trabajando y, cuando vimos el resultado, nos dimos cuenta que merecieron la pena. Recubrimos con vegetación el techo de vigas de madera y colgamos guirnaldas de las columnas que separaban las naves para unificar los dos espacios.

Los novios querían sentir que seguían en el jardín, así que además de la decoración en tonos verdes, encendimos cientos de velas y microbombillas. Siapro iluminó cada mesa creando un ambiente mágico propio de una noche de verano.

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Hicimos dos modelos para los centros de mesa: uno con velas altas y vasitos y otros con una pieza de cerámica. Ambos tenían flores y ramas propias del campo: olivo, espiga, aster… a juego con la papelería que diseñó Living las bodas .

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Mientras los invitados disfrutaban dentro, fuera preparábamos una auténtica revolución. Era mucho lo que teníamos que hacer, pero con una buena capitana y las ganas que le pusimos, terminamos a tiempo. Movimos algunas cosas para darles una nueva vida y volver a sorprender a los invitados.

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Llevamos desde la terraza hasta la zona de baile las estructuras de madera de puestecitos del aperitivo y colgamos de ellas lámparas de mimbre para crear una zona Chill Out.

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Paula y su equipo se encargaron de dar un toque dulce y otro salado: un impresionante Candy bar y un foodtruck de sushi: Kirei by Kabuki. Las noches de fiesta siempre son largas y, pese a que se ha comido mucho, los invitados siempre disfrutan de estos pequeños caprichos.

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Global Rent montó una espectacular carpa transparente para la fiesta. El fondo y los pies de carpas estaban cubiertos con celosía, mucho verde y microbombillas. La pista de baile estaba acotada por un banco corrido que acabó sirviendo de escenario de otra zona, más tranquila, para las copas.

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La barra de diez metros dio para mucho: copas, mojitos, daiquiris… todo era posible. Todo menos la resaca, ya que los invitados se marcharon con un kit para sobrellevar el día siguiente que la propia novia preparó.

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Fue una de esas fiestas que por mucho tiempo que pase nadie podrá olvidar.

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Nosotras nos fuimos al día siguiente con mucho más de lo que habíamos llevado. Por suerte para nuestra logística, los recuerdos ocupan espacio en la memoria y no en la furgoneta, de lo contrario, habríamos tenido que dejar un montón de trastos allí.

Fotos: Cristina Cañibano.

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