La boda de Emma y Javi

Después de años escribiendo decenas de bodas llegó el momento de preparar la mía. No me podía creer ver mi nombre escrito en sus agendas, no para una reunión sino para una prueba. Fue imposible disfrutar más de los preparativos porque no tenía nervios y, además, sabía que estaba en las mejores manos.

Tenía muy claro qué era lo importante: casarme con Javi. Queríamos compartir la felicidad que sentíamos con nuestros invitados porque nos parecía un lujo tener bajo el mismo techo a toda la gente a la que queremos y nos quiere.

Covadonga Plaza me conoce desde que nací, además empecé a trabajar con ella nada más terminar la universidad. Durante todos estos años he aprendido mucho y vivido experiencias inolvidables a su lado. Por eso casi no nos hizo falta hablar sobre el vestido, ella diseñó para mí un traje de novia partiendo de una organza de seda bordada que había traído de un viaje a París hace 30 años. Una pieza única que guardaba en el taller y que yo había descubierto en una mudanza, por eso no me pudo hacer más ilusión cuando me la enseñó.

El vestido tenía cuatro metros de cola y un cuerpo muy trabajado de crep. Llevé un broche de brillantes con forma de lazo que pertenecía a mi abuela Pilar y fui velada, algo que me hacía ilusión desde que de pequeña vi “Sonrisas y lágrimas”.

El ramo fue el resultado de una visita que me hicieron Bea, Belén, Mónica y Elena en mi última prueba. Teníamos claro que sería pequeño porque la falda tenía mucho volumen, así que las rosas de pitiminí fueron la opción elegida, en tonos empolvados. En la empuñadura atamos una cinta de terciopelo verde de La Señorita con una chapa de plata en la que se podía leer la frase “mi razón eres tú”. Para el pelo, Mónica trenzó un tocado con rosas y pequeñas flores de hortensia que rodeaban el moño que me hizo Ana de Llongueras.

Los preparativos en casa transcurrieron en cámara lenta, mientras me maquillaba Lorena, entre risas y con los ojos puestos en el cielo porque parecía que iba a llover, pero los huevos a Santa Clara hicieron efecto y acabó despejando.

La decoración de la Catedral de Oviedo fue una sorpresa. Como para nosotros era la parte más importante de la boda, dedicamos mucho tiempo a elegir la música y las lecturas con Don Álvaro, el capellán de la familia que fue quien nos casó. Durante los preparativos nunca había entrado por el pasillo central porque quería reservar ese momento para la boda y fue muy emocionante.

En la puerta de la Catedral me esperaban Trini y Marga para ayudarme a salir del coche y colocarme el vestido, también mis niñas de arras, vestidas por Marta García- Conde con unos diseños inspirados en mi escritora favorita: Jane Austen, y mi hermano Jaime que me llevó hasta el final del pasillo donde me esperaba mi padre para entregarme a Javi.

La Catedral estaba preciosa, nunca la había visto tan bonita. En la entrada había dos centros muy esbeltos que enmarcaban la puerta central, abierta de par en par para la ocasión. A lo largo del pasillo había adornos en verde que lucían todavía más sobre un suelo que me parecía tan bonito que pedí que no colocaran la alfombra.

El altar estaba decorado con docenas de rosas y hortensias que recreaban un jardín, como el que une nuestras casas en Somió. Además, estuvimos arropados por nuestros padres y por todos los testigos.

A la salida pusimos rumbo al Club de Tenis en un coche antiguo que pertenecía a la familia de unos amigos nuestros.

La semana que viene seguimos con las fotos que Mercedes Blanco, que es una artista, hizo del resto de la boda.

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