Echar raíces

Esta semana y la que viene os traemos un post muy especial de una boda que se celebró el año pasado en la finca de la familia de la novia. En la segunda parte entenderéis la razón por la que lo hemos titulado así.

La boda tenía tintes campestres y quisimos que la decoración girara entorno a esos motivos. También otros detalles como el tocado que llevaba la novia y su ramo, atado con cintas largas en los mismos tonos que las flores, que eran silvestres y con aire despeinado, buscando ese efecto espontaneo que tanto nos gusta de un “ramo que se hace mientras se da un paseo”. Además, los colores vivos favorecían mucho a la novia, que estaba preciosa con un sencillo y vaporoso vestido blanco.

Los novios eligieron para la ceremonia la Iglesia de Selorio, lugar donde la novia pasó y sigue pasando sus veranos.

Nos pareció una idea preciosa la de reflejar la naturaleza de los caminos que llevan a ella, así que recreamos una sebe en la fachada.

En el interior del templo colocamos dos árboles esbeltos a ambos lados del Sagrario y un adorno a los pies del Altar que parecía que trepaba.

La semana que viene os contamos un detalle que marcó la celebración y nos sirvió de inspiración para decorarlo todo.

Fotografía: Mercedes Blanco.

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