Entre Pendueles y La Franca

Esta boda tenía algo especial desde el principio, porque el novio es francés y quiso empaparse desde el minuto uno de cómo se vivían las bodas en España.

La ceremonia fue en Pendueles, un lugar al que nos encanta ir a trabajar porque todas las personas que están allí son encantadores y nos ponen todo muy fácil, además la capilla es muy acogedora.

Respetando el estilo rústico, nos decantamos por una decoración un efecto despeinado, dando rienda suelta al verde desde la verja de entrada hasta el mismo altar. La idea era que la naturaleza que rodea la capilla se colara dentro de ella y conquistara toda su arquitectura.

La celebración fue en La Franca, un rincón muy especial entre Llanes y Ribadedeva con un jardín al borde del mar. Decoramos los distintos rincones del aperitivo para que se respirara el cariño que los novios querían transmitir a sus invitados.

El anillo de pedida de Patricia nos sirvió de inspiración para elegir el colorido, una mezcla de verdes con granates.

El comedor parecía un bosque encantado, vegetamos la lampara de madera e hicimos unos centros de mesa frondosos y con decenas de velas para dar ese toque de calidez que tan bonito queda en esa época del año.

La celebración continuó en el exterior bajo una carpa transparente desde la que se veían las estrellas o desde la que las estrellas les pudieron ver a ellos.

Fotos: Pelayo Lacazette

Entre lo clásico y las últimas tendencias

Entre lo clásico y las últimas tendenciTeníamos ganas de enseñaros esta boda porque ha sido una de las puestas en escena más especiales y diferentes que hicimos en la temporada pasada. Fue un proceso intenso, pero no pudo merecer más la pena.

Desde que conocimos a los novios supimos que su boda iba a ser especial, porque Miguel es profesor de historia de arte, y un enamorado de lo clásico, y Carla es conocedora de las últimas tendencias. La mezcla de los dos no podía ser más atractiva.

El ramo era único, valiente y rompedor, con flores milimétricamente escogidas. Personalidad pura.

Como amantes de la arquitectura y de la historia que se cuenta a través de ella, nos pidieron que la decoración no cubriera la fachada, así que hicimos un adorno con gerberas y musgo que surgía del suelo y se integraba con el entorno.

Esa misma idea la mantuvimos a los pies del altar, dejando todo el protagonismo al retablo de la capilla de Santa Ana.

El sitting plan era un homenaje en si mismo a la cultura clásica, con bustos de piedra y papelería con números romanos y caligrafiada a mano.

Durante el aperitivo a las gerberas y al musgo les añadimos un nuevo acompañante: los cítricos, con una puesta en escena vanguardista como nos pidió la novia.

Cuando Carla nos contó la idea que tenía para los centros de mesa, nos propusimos hacer “nuestra” la tendencia, conquistar esa versión moderna sin perder nuestro estilo. Después de darle muchas vueltas, llegamos a una estética fresca y cuidada con la que no pudimos disfrutar más.

No queremos terminar sin darles las gracias a los novios por su implicación y por pensar en nosotras para hacer algo diferente. Fue un auténtico placer.

Fotos: JFK Imagen social

Una boda navideña

Termina el año y qué mejor forma de hacerlo que recordando una boda que se celebró la pasada Navidad y con la que no pudimos disfrutar más.

Trabajamos mano a mano con The dreams factory que hicieron honor a su nombre e hicieron realidad los sueños de los novios. A nosotras nos encantó participar contagiadas por la ilusión que transmitían Ana y Pelayo.

Ellos querían que se respirara Navidad y eso lo intentamos reflejar en cada detalle, reinterpretando para ellos la época más bonita del año.

La ceremonia fue en la Iglesia de Luanco. Su altar barroco hizo que no hiciera falta mucho más que adornar la entrada y los pies del altar. 

El vestido de la novia, vaporoso y muy original, el cortejo de pajes y su perrito sacaron sonrisas desde el minuto uno y fueron una pista de todo lo que vendría después.

La celebración fue en el palacio de la Riega. Los novios nos pidieron un gran árbol de Navidad y trajimos para ellos un abeto natural. Lo más emocionante es que después de la boda se lo llevaron a su casa para plantarlo en el jardín y tenerlo siempre.

Adelantándonos a la tendencia de este año utilizamos cientos de lazos para decorar el árbol y distintos rincones de la celebración, como la chimenea. Las velas también jugaron un papel muy importante aportando esa calidez que tienen estos días del año.

En el salón se destacó la mesa presidencial con un mantel de cuadros escoceses y se cuidó cada detalle para crear un ambiente familiar y una celebración por todo lo alto como las que cada año preparamos en nuestras casas.

El detalle de repartir panderetas para la entrada de los novios fue divertido y la chispa que detonó la fiesta que empezó horas después.

La celebración empezó con el tradicional baile y terminó con un concierto inolvidable. Esta boda fue para nosotras un regalo, por eso tenía tanto lazo.

Gracias a JFK por las fotos y a todos los novios por elegirnos un año más.

Un otoño alegre

La tecnología acerca a las personas y en el caso de estos novios les permitió organizar su boda a distancia. Con su ilusión, nuestro entusiasmo y el correo electrónico fuimos dando forma a todos los detalles de su boda para que ese día fueran como lo habían soñado y es que cada vez más parejas eligen Asturias para darse el “sí, quiero” aunque vivan a miles de kilómetros de aquí.

Para la ceremonia civil elegimos uno de los rincones más acogedores del palacio de La Riega, con Gijón de fondo y un frente frondoso de hiedra y buganvilla.

El gesto de los novios de querer mirar a sus invitados fue uno de los detalles que hicieron que fuera una ceremonia muy emotiva.

Para la decoración apostamos por tonos naranjas y granates, un otoño alegre con flores propias de esa época del año.

Nos gusta aprovechar la arquitectura del lugar para dar rienda suelta a la imaginación así que, sobre el forjado de hierro de la puerta, hicimos un arco cuajado de flores y ramas.

En el imaginario de una boda de otoño no puede faltar una chimenea, así que nos volcamos en convertir ese salón en un espacio único en el que parecía que la naturaleza había de hecho de las suyas.

En uno de los muchos emails que nos mandamos en esos meses les enseñamos centros de mesa con fruta y les gustó la idea, así que hicimos para ellos una propuesta en la que las uvas y los higos se mezclaban con flores, hojas y velas.

Fue una boda increíble que demuestra que el amor no tiene fronteras y que la distancia no es ningún problema cuando hay ganas.

Fotos: JFK Imagen Social.

Una boda con aires rusos

Pelayo es sobrino de Belén y se fue a Rusia a trabajar, allí encontró el amor y volvió a sus orígenes para casarse.

 Su boda con Veronika estuvo marcada por la mezcla de dos culturas y por las aportaciones de la novia, que participó durante los preparativos aportando su sensibilidad de arquitecta.

Le hicimos un ramo con rosas de jardín de distintos tamaños buscando replicar su dulzura y delicadeza.

La ceremonia fue la Capilla del Rey Casto. Cuando nos contaron que en Rusia el color blanco era el más tradicional para decorar las bodas, pensamos en hacerle ese guiño para que se sintiera “en casa”.

Arropamos la entrada con unas copas de piedras llenas de flores y vegetación y en el interior, como el retablo es tan espectacular, pusimos adornos laterales para cederle todo el protagonismo.

La celebración fue en Las Caldas. El aperitivo tuvo lugar en el jardín y estuvo lleno de alegría, diversión y de la buena energía que contagiaban los novios a todos sus invitados.

Nos volcamos en transformar el salón. Trabajamos con Siapro para cambiar la iluminación y crear un ambiente más cálido, buscando un efecto más acogedor reforzado con decenas de velas. La vegetación verde jugó un papel importante tanto en los centros de mesa, como en las columnas y en rincones auxiliares.

Fue una boda preciosa y queríamos compartirla para recordar que las bodas no solo unen personas, también naciones.

Fotos: Darío Martínez

Primeros de otoño

Aunque estamos en plena temporada de bodas de verano, tenemos la cabeza puesta también en las bodas de otoño. Es una época muy intensa porque se juntan las decoraciones frescas y tonos vivos, con la planificación de otras que tienen tonos granates, calabaza… no nos da tiempo a aburrirnos.

Y pensando en los meses venideros hemos querido recordar esta boda el año pasado en el Palacio de Meres.

El ramo de novia, con amarantos, ya era una declaración de intenciones de esta tendencia que viene pisando tan fuerte y es que ahora no paramos de verlo. Un ramo con mucha personalidad y una estructura muy singular, aparentemente improvisado, pero con un gran trabajo detrás.

Para la capilla de Santa Ana pensamos en una decoración frondosa, con mucha vegetación y, a modo de contraste, pequeños toques de luz aportados por diminutas flores blancas y por velones.

Para el aperitivo en el jardín nos decantamos por tonos anaranjados, rojizos y amarillos. Queríamos hacer una transición suave del verano al otoño y no llegar a tonos granates, sino quedarnos en ese limbo que tiene lugar a finales de septiembre.

Tuvimos un colaborador muy especial, el padre de la novia que se encargó de poner, con mucho arte, color a la papelería. Y nos gustó tanto lo que hizo que montamos este protocolo de mesas colgante para darle el protagonismo que merecían.

En el interior del palacio dimos rienda suelta a la naturaleza propia de la época del año, demostrando que todos los meses del año tienen su encanto para decir “sí quiero” como bien recogen estas fotos de Pelayo Lacazette.

La novia que enamoró a Casilda

De todos los blogs nupciales, uno de nuestros favoritos es Casilda se casa, así que imaginaros la ilusión que nos hizo ver la boda Ana y Julian publicada (podéis verla aquí: https://casildasecasa.com/articulos/2025/06/23/boda-ana-julian-asturias-sombrero-romualda).

Como ya cuenta ella la historia, nosotras queremos centrarnos en la decoración.

Cuando los novios vinieron a vernos nos encantó lo disfrutones que eran, lo bien que se lo pasaban eligiendo las cosas juntos y lo claro que lo tenían todo. Es de estos preparativos que sientes que son un paseo y no una agonía y es que caminar así hacia al altar es una maravilla para los novios y también para los proveedores porque todo es más relajado y divertido.

Cuando Ana nos habló de su sombrero de Romualda nos quedamos fascinadas, nos pareció una forma muy original de llevar “algo azul” y de darle un toque distinto a su look.

Viendo que era valiente y decidida, pensamos en un ramo con mucha vida que reflejara su energía y buen humor. Así que elegimos para ella peonias en color coral, claveles turcos, rosas de jardín, flor de arroz… el resultado fue un ramo de novia fresco y veraniego.

Tanto la ceremonia como la celebración fueron en el mismo espacio, un palacio en medio del campo. Pensando en el entorno y en la época del año, apostamos por una decoración ligera y casual, aparentemente improvisada.

La capilla era preciosa y la adornamos de manera sencilla con dos copas despeinadas a ambos lados del altar y dos guirnaldas rematando las barandillas, quedando los novios rodeados por un marco de flores. Ellos y sus ganas de casarse se llevaron todo el protagonismo.

Lo bueno de las bodas familiares es que es fácil encontrar tu sitio y que todo el mundo está cerca de los novios durante el aperitivo y el almuerzo. Son más tranquilas y relajadas, y todo se saborea un poco más.

Fue un almuerzo tranquilo y relajado, y a la vez, muy cuidado. Cada detalle estaba elegido con cariño para hacer de ese sábado de junio, un día inolvidable. En el comedor se prepararon dos mesas imperiales que decoramos con una guirnalda intermitente combinando cerámica azul con violeteros de cristal.

Fuimos colocando decenas de flores distintas sin prisa hasta recrear un jardín silvestre.

Recordaremos con mucho cariño esta boda, estos novios y lo mucho que se quieren gracias a VELBAN Photo.

La novia que nos hizo avanzar

Marta trabaja en el mundo de la moda y tenía muy estudiadas las tendencias cuando nos vino a ver. Venía con dos cosas muy claras: el estilo que quería y que nosotras decoraríamos su boda.

Cuando nos contó sus ideas se salían totalmente de nuestra zona de confort y os reconocemos que nos dio un poco de respeto. Queríamos sentirnos cómodas y ella nos animó a darle una vuelta y ponerle nuestro sello. Después de hacer muchas pruebas, llegamos a un punto de encuentro y nos acabamos alegrando mucho de haberlo hecho.

Empezamos diseñando el ramo que Marta nos pidió que fuera “muy verde”, así que compramos flores con esos tonos y empezamos a hacer pruebas. Queríamos que fuera algo fresco y moderno, así que usamos Viburnum, clematis y sedum.

La ceremonia civil se celebró en el jardín y quisimos rodear a los novios con una propuesta sofisticada a base de anturios, que nunca los habíamos usado, y hortensias en los mismos tonos de la hiedra de la fachada.

Para acompañar la llegada de la novia con el padrino y que luego sirviera de escenario para las fotos, vestimos el portón del Palacio de la Riega con dos imponentes guirnaldas asimétricas.

Los novios disfrutaron de un paseo por los jardines mientras los invitados iban pasando al aperitivo que había preparado el catering de Nacho Manzano.

Para los centros de mesa usamos anturios y amarantos, que tanto se ven ahora en las cuentas de inspiración y le gustaban a la novia, creando algo único y especial en cada mesa. De la papelería se encargó la hermana de la novia y nos pareció muy especial.

Queríamos terminar dando las gracias a Marta por su confianza, por querer por encima de todo que fuéramos nosotras quienes pusiéramos el toque de color en su boda y nos empujara a hacer algo tan distinto.

Gracias a las fotos de La huella que dejas, la recordaremos siempre.

La boda de la primera de nuestras niñas

Aún nos emocionamos al recordar esta boda porque fue la boda de Coro.

¡¡¡ La primera de nuestras niñas se casaba!!!

Imaginaros la cantidad de conversaciones, discusiones y pruebas que hicimos, las vueltas que dimos y el entusiasmo que pusimos. Era mucho más que poner flores, era dejar el alma.

Quisimos reflejar su sencillez, su dulzura y también su naturalidad.

Los preparativos fueron muy divertidos y en familia, la casa llena de gente, amigos que iban y venían, flores, frutas, telas, con la puerta abierta de par en par.

La misa fue en Santa Eulalia de Selorio, una iglesia muy pequeñita rodeada de manzanos, ¡Nada más asturiano!

Desde el primer momento pensamos en una decoración silvestre y natural. Coro nos dio carta blanca en todo, se fiaba de nosotras 100×100 y quería que todas las flores fueran una sorpresa.

El vestido fue de Teresa Patiño, que entendió a la novia desde el primer instante y supo plasmar la personalidad de Coro a la perfección.

Celebrar en casa es muy emocionante y a la vez exige una dedicación extraordinaria, lo que sí tenemos claro es que mereció la pena.

Todo estaba pensado, pero nada parecía estudiado, sacando partido a cada rincón para que los invitados se sintieran muy acogidos.

Usamos tanto flores que encargamos como flores del jardín y hasta de los caminos cercanos. ¡Recogerlas fue un planazo!

La familia Manzano, como siempre, se volcó en todo el proceso y el resultado fue increíble.

El aperitivo fue en el jardín y el almuerzo en una carpa en plena naturaleza. Pusimos cortinas de hiedras, trenzamos guirnaldas y las fuimos alternando con una estructura varillada que creaba la ilusión de estar en una especie de invernadero. Flores, frutas y hojas se entremezclaban en los centros de mesa.

En la mesa presidencial pusimos un maravilloso mantel de encaje de Bruselas de la abuela de Coro que además nos sirvió para hacer un guiño a los novios ya que se conocieron allí.

El sitting plan lo caligrafiamos en uno de los ventanales de la casa en el último momento por si llovía!!!

Fue una boda increíble, organizada “en familia” y disfrutada por todos en el lugar donde la novia creció. Imposible pedir más.

Las fotos, como no podía ser de otra manera, son de Mercedes Blanco.

Primavera tremprana

Esta boda nos hace mucha ilusión contarla porque el novio es de la pandilla de Salinas de nuestros hijos y le hemos visto crecer, así que es fácil imaginar nuestra emoción. También fue una gran alegría verla publicada en Vogue.

Javier y Rocío vinieron a vernos muy ilusionados y nos dijeron que confiaban a ciegas en nosotras. Eso hizo que nos implicáramos todavía más porque queríamos sorprenderles y agradecer su confianza. Además, fue la primera boda de la temporada, por lo que nos pilló con muchísimas ganas de volver a la carga.

Al ver el espectacular vestido que Teresa Patiño le había diseñado, pensamos en un ramo muy especial con ranúnculos, escabiosas, nardos…

La ceremonia fue en la Capilla Santa Ana del Palacio de Meres. Para el altar pensamos en un adorno inspirado en la primavera temprana, que brotaba del musgo. Para dulcificar la luz del mes de febrero encendimos velas buscando crear un ambiente más acogedor.

El aperitivo fue en el jardín y para dar color a un día gris, lo llenamos todo con bulbos, narcisos y mimosas de color amarillo, el favorito de la novia. Un chute de energía como la que desprendían los novios y los invitados porque era una boda que desde el primer minuto fue una fiesta.

Su sitting plan ha pasado a ser uno de nuestros favoritos, totalmente silvestre y espontaneo, los invitados encontraban su sitio entre musgo y narcisos.

Tanto nos gustó esta decoración que la replicamos en las mesas, para que los invitados pudieran seguir disfrutando de ella.

Cuando os dijimos que fue una fiesta, era literal. De hecho hicimos un montaje con unas bolas de discoteca y mucha vegetación para dar a la pista de baile un aire muy especial y hacer los ecos a los chicos de VillaBoy Band.

Gracias por un recuerdo único Darío Martínez.