Desde niña hasta ahora

Conocemos a Carolina desde que era una niña y venía con su madre a buscar adornos para el árbol de navidad, por eso nos emocionamos al saber que se casaba y que quería contar con nosotras.

Que estuviera viviendo en Nueva York no fue ningún problema para prepararlo todo.  La distancia no existe con una madre volcada e internet. Todo fue posible y además, un placer.

Aunque estaba lejos, para el vestido pensó en Covadonga Plaza, como ella sí que estaba cerca pudimos ver el traje y pensar un ramo acorde. Era un diseño muy sobrio con unos bordados de hilo que caían desde los hombros hasta la espalda. Como era bastante entallado, jugamos a crear contraste, dándole volumen con las flores: rosas de distintos tamaños que atamos con una cinta de terciopelo del tono de los tallos.

Carolina se vistió en el Real Balneario de las Caldas,  donde luego se celebraría el banquete. Nosotras que estábamos decorando el salón y teníamos muchas ganas de verla vestida de novia, por suerte, Mercedes Blanco decidió bajar al salón de los espejos, que es uno de los rincones más espectaculares del Balneario, a hacerle unas fotos antes de salir para la Iglesia. Y pudimos verla y compartir esos momentos previos tan especiales: con sus emociones, nervios y recados de última hora.

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Para la ceremonia eligieron la Iglesia de San Juan de Priorio, que está  próxima y es muy bonita. Querían algo sencillo y sencillo lo hicimos. A ambos lados de la puerta colocamos copas con paniculata y distintos verdes que parecían cogidos del jardín. Es una forma de acompañar a la novia a la llegada y de recibir a los novios a la salida.

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Dentro colocamos la alfombra de sisal y los reclinatorios de lino. La sencillez es algo bonito y quisimos mantenerla, por eso colocamos solamente dos adornos altos de hiedra y paniculata. Menos a veces, es más y esta fue una de esas veces.

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Al terminar la ceremonia los novios fueron recibidos por una banda de gaitas y un montón de besos. Empezaba a atardecer, se encendieron las luces y las velas y pusieron rumbo al balneario.

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El aperitivo se sirvió en el salón de los espejos y haciendo honor a su nombre escribimos el menú en uno de ellos. Como es espectacular y no hace falta decorarlo mucho, colocamos un bodegón en el centro que era una explosión de color y naturaleza.

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Colocamos el protocolo de mesas en el pasillo que iba desde el salón de los espejos al comedor donde se celebraba la cena. Inspiradas por las velas y los brezos que tanto gustan a Carolina, pensamos en algo muy colorido y con un toque otoñal.

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El salón tenía el blanco como protagonista así que decidimos restarle importancia con los jarrones, portavelas de plata y los primeros brezos de la temporada. Los bajoplatos de M Viste tu mesa, encajaron muy bien.

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Del ramo de Carolina tenemos muchas fotos y la última no podía ser más especial, sobre todo para ella, que lo recibió emocionada.

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Bailar a la luz de las velas está muy bien, pero si además puede añadirse luces de verbena todavía mejor. Y eso fue lo que pusimos para el primer baile y para todos los que vinieron después.

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También puedes leer sobre esta boda en el blog de la Champanera.

Celebrando el otoño

Termina el verano y con él tantas cosas… pero empiezan otras, iguales o mejores.

Ayer preparamos un centro para Marta que se casó en otoño del 2013 y que fue madre de una niña preciosa llamada Ana. Otoño le traerá siempre muy buenos recuerdos.

Hoy queremos hacer memoria con ella y con todos vosotros.

La madre de Marta fue compañera nuestra de colegio, así que la conocemos desde siempre. Le solíamos preparar las flores que  le regalaba en fechas señalas. Siempre nos pedía tonos empolvados y fue eso mismo lo que nos encargó para su ramo de novia “uno como los que hacéis para mi madre”.

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Así que mezclamos rosas, astrantia, dille y hortensias en tonos pochos que resaltaban sobre el vestido de Marcos Luengo.

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La misa se celebró en la Iglesia de San Juan de Priorio, que decoramos con dos grandes centros con velas a los lados del altar.

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El Real Balneario de las Caldas fue el lugar elegido para celebrarlo con su familia y amigos.

Ellos nos contaron su idea de convertir el salón en un jardín y nosotros nos pusimos manos a la obra para crear esa ilusión.

Cubrimos las paredes con celosías, y llenamos los jarrones de ramas verdes. Las velas daban ese toque de calidez que hace el otoño acogedor.

Los brezos, brasicas y hortensias ponían color a un singular jardín entre cuatro paredes.

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La mesa presidencial fue mucho más grande de lo habitual, ya que decidieron sentarse con sus amigos. Los marcasitios sirvieron para decir de una forma bonita el sitio de cada uno y que los querían a todos muy cerca.

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Esta boda es una prueba de que celebrar un banquete en un jardín es posible aunque no tengamos ninguno cerca. Y que si hay ganas, no hay imposibles.

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Qué bonito es hacer memoria cuando dentro tenemos guardados recuerdos como este.