Una sonrisa y muchas ganas 2

Mientras los invitados iban llegando, los novios aprovecharon para dar un paseo y hacerse unas fotos tranquilos. También para empezar a darse cuenta de que no estaban soñando y que el momento que tanto habían esperado era una realidad.

En la Zoreda todo estaba preparado para sorprender a los invitados. Todos habíamos estado trabajando mano a mano para hacer realidad la boda tipo cocktail que querían los novios. Una celebración pensada para estar todos juntos y poder disfrutar de cada segundo de la boda.

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Colocamos varios rincones temáticos que enmarcaban el espacio y le daban un aire festivo: rincón de la sidra, de cervezas del mundo, de coctelería…

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También hicimos un montaje con todas las fotos que nos trajeron los novios de sus invitados y de momentos especiales de su vida. Como no había protocolo de mesas, aprovechamos esa estructura para que pudieran verse bien y quedara lo más bonito posible.

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Para separar el espacio del cocktail y el baile, hicimos un bodegón con verde y velas de distintas alturas.

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Y un photocall que no estuvo vacío ni un solo minuto en toda la celebración. Fue sin duda una boda diferente en la que todo el mundo, viniera de donde viniera, se sintió como en casa.

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Fotos: tecueme

El vestido de la novia 2

Un día de verano, ese fue el regalo que hizo Asturias a los novios. Un cielo despejado, un sol radiante y la tarde cayendo sobre el jardín del Palacio de Meres.

Con un regalo así, el aperitivo fue una delicia, además de un momento perfecto para sacar fotos y disfrutar de todo lo que los novios habían preparado con mucha ilusión.

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DavidFernández-AlbayJorge-452El protocolo de mesas estaba colocado sobre un mueble antiguo. Llenamos las frascas con distintas flores para darle un aire romántico y mantuvimos el colorido otoñado que les gustaba.

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Los invitados les escribieron sus mejores deseos en unos pequeños pergaminos que seguro que ahora guardan como oro en paño y es que además de las fotos y el vídeo, las palabras son un bonito recuerdo.

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Los novios se enamoraron de nuestro columpio y nos pidieron que lo decoráramos con flores para la ocasión. Tanto acabó gustando que se convirtió en el photocall oficial.

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El los salones todo estaba preparado para recibirles. Las mesas estaban cubiertas con los manteles de A de Lola y tenían las mismas flores que habíamos usado en el aperitivo. Para las velas elegimos un tono muy simbólico: el del tul de la falda de la novia.

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Fue un día muy especial, fue una noche inolvidable.

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Fotos: David Fernández

El vestido de la novia 1

Alba y Jorge vinieron a vernos con mucha ilusión y las cosas muy pensadas. Nos encantó la importancia que dieron desde el primer momento a la decoración, querían algo especial que dejara un recuerdo imborrable en su memoria y la de sus invitados.

Mientras pensábamos cómo íbamos a sorprenderlos, Alba nos enseñó una foto del vestido de novia que le estaba haciendo Covadonga Plaza: un traje desmontable que ocultaba una falda de tul en un tono muy especial. Tanto nos gustó que convertimos ese color en el protagonista de toda la boda.

Cómo el vestido tenía líneas sencillas, le hicimos un ramo que mezclaba eucaliptos, que le daban un aire despeinado, con rosas que aportaban un toque elegante y dulce.

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La novia llegó a la capilla de Santa Ana acompañada por su padre y por un cortejo de arras. La anécdota la protagonizó uno de los niños que a medio camino dio la vuelta y volvió a entrar con Alba.

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Los novios nos pidieron que, aunque estábamos a finales de verano, decoráramos todo pensando en el otoño así que nos inspiramos en esa estación y en la nostalgia de los últimos coletazos de agosto.

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A la salida colocamos adornos a ambos lados de la puerta y dejamos los pétalos preparados para que recibieran a los recién casados.

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¿Queréis ver el resto de la boda? Os esperamos aquí la semana que viene.

Fotos: David Fernández 

El enramado

Blanca vino a vernos desde París en Navidad. Entró en la tienda acompañada de sus padres y con muchas ideas. La primera, darle otra vida al vestido de novia de su madre. La segunda, era replicar en distintos momentos un cuadro con hortensias que había pintado su tía para ellos.

Cuando nos enseñó fotos de su traje pensamos en un ramo ligero pero con cuerpo, el que daban las peonias blancas con sus miles de pétalos.

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La ceremonia fue en la Capilla de Santa Ana del Palacio de Meres.Pusimos un adorno a los pies del altar con flores blancas, dejándola todo el protagonismo al retablo que fue lo que dibujó su madre para hacer los misales.

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A la salida la novia recibió una sorpresa de su familia ya que trajeron a un grupo folclórico de León que llenó todo de color, música y emoción con el enramado, una tradición que no conocíamos pero de la que nos quedamos enamoradas. Los trajes regionales, los bailes y los arcos de ramas y flores conquistaron a todos los presentes y dejaron un recuerdo imborrable en su memoria y en el álbum de fotos.

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Las hortensias salieron del cuadro de su tía para inundar el aperitivo con toda su fuerza y color, y también siguieron presentes en el almuerzo.

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Fue un día muy especial que nunca olvidarán.

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Fotos: Días de vino y rosas.

 

 

Volver al verano


Casarse en el lugar donde veraneaste toda la vida hace que todo sea todavía más especial porque se mezclan los recuerdos de la infancia con momentos que van a quedarse para siempre grabados en la memoria.

Eso le pasó a Ana que eligió “su norte” para casarse con Eduardo.

Cuando nos enseñó el vestido de Teresa Patiño pensamos en algo que contrarrestara su sencillez pero a la vez, que la mantuviera. Algo que logramos con un ramo con mucha caída pero con flores sencillas.

La ceremonia fue en la Isla que tiene una preciosa Iglesia blanca y acogedora en la que decoramos la entrada, el altar y el retablo.

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El día acompañó y sus primeras fotos como marido y mujer tuvieron un escenario privilegiado, cerca del mar y, a la vez, del campo.

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El lugar elegido para celebrarlo fue el Palacio de Luces. El aperitivo se sirvió en el jardín y fue un homenaje de sabor y color para los invitados. Tan agradable era la sensación que quisimos mantener el colorido en la decoración y montamos un sitting plan en el que la naturaleza seguía siendo protagonista. Jugamos con distintas alturas y con el cristal, que es una fuente de ligereza, igual que las flores, que parecían recién cortadas del jardín.

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Desde los ventanales del palacio se veía la muralla que lo rodea, así que utilizamos piezas y pajaritos de piedra para armonizar interior y exterior. Los bajoplatos y la mantelería de M viste tu mesa hicieron, junto con las velas, que todo fuera tan especial como los novios habían soñado.

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Fotos: Darío Martinez 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una boda de mil colores 2

Prometimos volver al jardín y aquí estamos, en el aperitivo lleno de sabor y color que preparamos entre Balbona, el equipo del Palacio y nosotras.

Mesa de quesos y jamón, rincón de la sidra… y muchas ganas de pasarlo bien. No faltó detalle.

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Para el protocolo de mesas contamos con una aportación muy especial: las acuarelas que pintó la madre de la novia y que colorearon también las minutas. Llenamos los tarros con flores variadas que parecían recién cogidas del campo.

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En el interior del palacio el color siguió siendo protagonista y cualquier elemento nos parecía la excusa perfecta para teñirlo todo un poco más: velas, jarroncitos, vasitos para minivelas y flores. Todo partía de la presidencial y continuaba en el resto de las mesas. Una forma bonita de tener un pedacito de todas las mesas en la de los novios y un trocito de los novios en todas las mesas.

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Pero lo que mas color aportó no fue una flor, no fue una vela, no fue un cacharrito. Fue la sonrisa de los novios, las ganas de sus invitados y el entusiasmo de todas las personas que participaron para que todo saliera bien.

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Fotos: Mercedes Blanco

 

 

Una boda de mil colores 1

Cuando Alejandra y su madre Bea entraron por la puerta de la tienda, recordamos la época en la que trabajamos  juntas hasta que se fue a vivir fuera. Todo eran risas, sonrisas y ganas. Eran una alegría constante , por eso no nos sorprendió que nos pidiera una boda a todo color, empezando por el ramo. Quería que tuviera el mayor número posible de flores y tonos, así que disfrutamos mucho mezclando distintas opciones hasta que dimos con una que llevaba hortensias,  menta, peonias, moras… en el que no podía faltar el color azul, presente en el ramo y en la cinta que lo ataba.

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Para la decoración de la capilla de Santa Ana pensamos en algo silvestre y veraniego, ligero pero con cuerpo, que vistiera los distintos rincones y la hiciera todavía más bonita.

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La familia y los amigos vivieron con mucha emoción una ceremonia en la que los novios no dejaron de sonreír ni un minuto.

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Lo bueno de casarse en verano en el Palacio de Meres es que Alejandra y Javi pudieron disfrutar de los alrededores mientras sus invitados empezaban el aperitivo. Un paseo, unas fotos y unos minutos para aterrizar y darse cuenta de que no están soñando.

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La semana que viene seguimos donde lo dejamos, en este mismo jardín.

Fotos: Mercedes Blanco.