Autentica felicidad II

La alegría de la ceremonia se trasladó hasta la terraza, donde les esperaba un espectacular atardecer y un aperitivo del chef Nacho Manzano.

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Paula diseñó una papelería con ramas para los distintos puestos, el protocolo de mesas y la cena. No pudo faltar la mesa de quesos ni la marinera, dos clásicos con los que Manzano acierta y los invitados disfrutan.

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El protocolo de mesas estaba colocado bajo una sombrilla, entre flores. El viento soplaba fuerte y para evitar que volara la papelería atamos limones y naranjas que recogimos de la finca, logrando un resultado más colorido y vistoso de lo que teníamos previsto antes de llevarnos la sorpresa meteorológica de la jornada.

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La cena fue en la carpa que estaba distribuida de una manera diferente a la habitual, empezando por una presidencia de veinte personas. El tamaño y la forma del resto de las mesas se eligieron en función de los grupos que se iban a sentar en ellas. Las sillas de bambú de Global Rent dieron el toque que nos faltaba para crear el escenario perfecto.

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Para dar un ambiente más festivo colocamos en el techo luces de verbena, cestos y helechos. Abrimos los laterales para que el jardín se metiera dentro y colocamos dentro árboles que hacían sentir que estábamos fuera.

Mezclamos distintas mantelerías del catering de Manzano, verde, beige y uno estampado que combinaba ambos tonos. Las velas naranjas, los vasos de agua verdes y las flores en tonos vivos contribuyeron a dar esa inmensa alegría que querían trasmitir los novios.

Al caer la tarde, encendimos velas y luces para trasladarles a esas playas del sur que daban nombre a las mesas y donde tantos buenos momentos pasaron los protagonistas.

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Para que los invitados pudieran dejar unas palabras a los novios, Paula de Living las bodas, diseñó un rincón con atrapa sueños para que así, no se escapara ninguno.

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Si la boda fue una fiesta, la fiesta no os podéis imaginar lo que fue.

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Fotos: JFK IMAGEN social

 

 

 

 

 

 

 

Autentica felicidad I

Decidimos titular el post así porque felicidad es la mejor palabra para definir a Gladys y Juan. Ellos son la alegría, el optimismo, las ganas… y la suma de todo eso da por resultado la felicidad.

Participar en la boda de dos personas que se quieren tanto fue un auténtico placer. Todo fue fácil, confiaron a ciegas y se dejaron llevar.

Nuevamente trabajamos mano a mano con Paula de Living las bodas, con la que volveremos a coincidir mucho este año.

Gladys es una persona muy especial y su vestido no iba a ser menos. Alfonso Pérez fue el encargado de diseñar un traje irrepetible, con encaje, muchos cortes y un toque de color dorado que nos inspiró para crear el ramo.

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Las mangas infinitas con efecto capa nos hicieron  pensar en un ramo largo, con lisianthus color crema atados con una cintas dorada que nos trajo el diseñador y de las que colgaba un camafeo antiguo.

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La ceremonia civil se celebró en los jardines de la Riega, con la ciudad de Gijón y el mar Cantábrico de fondo.

Querían algo informal, alegre y muy participativo. También que sus sobrinos estuvieran en primera fila y que los invitados no perdieran detalle de todo lo que ocurriera.

Buscamos sillas por todo el palacio, desde la terraza hasta la última de las habitaciones. No eran iguales pero eso no importaba, quedaba bonita la mezcla de distintas formas, colores y materiales.

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Enmarcamos el pasillo con capazos, frascas de cristal y faroles. Enfrente de todas las sillas había una zona reservada para los novios y otra, muy cerquita, para su cortejo de arras.

Colocamos dos bancos, uno  para Gladys y Juan, bajo un arco recubierto de vegetación y capazos llenos de flores, y otro de madera blanca para los niños.

Mezclamos hortensias blancas, rosas y azules con otras flores para darle un aire campestre y alegre huyendo de la ceremoniosidad y creando el ambiente distendido que querían los novios.

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La novia salió del Palacio acompañada del padrino y de sus niños de arras, ellas llevaban unas medias coronas de flores rosas trenzadas por Mónica.

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Fue una ceremonia preciosa, llena de sonrisas, palabras bonitas, besos, abrazos y mucho, mucho amor.

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Hay bodas en las que la fiesta empieza mucho antes del baile, y esta es una de ellas.

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Continuará…

Fotos: JfK imagen social

 

 

 

Una boda en Mérida III

En el antiguo secadero de tabaco pasamos varios días trabajando y, cuando vimos el resultado, nos dimos cuenta que merecieron la pena. Recubrimos con vegetación el techo de vigas de madera y colgamos guirnaldas de las columnas que separaban las naves para unificar los dos espacios.

Los novios querían sentir que seguían en el jardín, así que además de la decoración en tonos verdes, encendimos cientos de velas y microbombillas. Siapro iluminó cada mesa creando un ambiente mágico propio de una noche de verano.

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Hicimos dos modelos para los centros de mesa: uno con velas altas y vasitos y otros con una pieza de cerámica. Ambos tenían flores y ramas propias del campo: olivo, espiga, aster… a juego con la papelería que diseñó Living las bodas .

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Mientras los invitados disfrutaban dentro, fuera preparábamos una auténtica revolución. Era mucho lo que teníamos que hacer, pero con una buena capitana y las ganas que le pusimos, terminamos a tiempo. Movimos algunas cosas para darles una nueva vida y volver a sorprender a los invitados.

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Llevamos desde la terraza hasta la zona de baile las estructuras de madera de puestecitos del aperitivo y colgamos de ellas lámparas de mimbre para crear una zona Chill Out.

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Paula y su equipo se encargaron de dar un toque dulce y otro salado: un impresionante Candy bar y un foodtruck de sushi: Kirei by Kabuki. Las noches de fiesta siempre son largas y, pese a que se ha comido mucho, los invitados siempre disfrutan de estos pequeños caprichos.

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Global Rent montó una espectacular carpa transparente para la fiesta. El fondo y los pies de carpas estaban cubiertos con celosía, mucho verde y microbombillas. La pista de baile estaba acotada por un banco corrido que acabó sirviendo de escenario de otra zona, más tranquila, para las copas.

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La barra de diez metros dio para mucho: copas, mojitos, daiquiris… todo era posible. Todo menos la resaca, ya que los invitados se marcharon con un kit para sobrellevar el día siguiente que la propia novia preparó.

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Fue una de esas fiestas que por mucho tiempo que pase nadie podrá olvidar.

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Nosotras nos fuimos al día siguiente con mucho más de lo que habíamos llevado. Por suerte para nuestra logística, los recuerdos ocupan espacio en la memoria y no en la furgoneta, de lo contrario, habríamos tenido que dejar un montón de trastos allí.

Fotos: Cristina Cañibano.

Una boda en Merida II

Al salir de la Iglesia, pusieron rumbo a La Albuera, una finca de caza que visitamos meses antes y en la que trabajamos cinco días seguidos. Fue un lujo transformar y decorar ese espacio, por el enclave y también por los dueños. Todo fueron facilidades y buenas caras. La finca estaba llena de posibilidades y había un equipo de muchas personas peleando para enseñar su mejor versión.

En la entrada colocamos un bodegón de bienvenida y marcamos el camino hacia el aperitivo, que estaba preparado en la terraza, con cientos de faroles.

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El aperitivo, a la sombra de la arboleda, estaba lleno de detalles y sabor. Con el Catering Guadalquivir de Sevilla y la papelería e ideas de Paula y de Yula, montamos varios puestos: jamón, quesos, conservas y cervezas de distintos rincones del mundo.

Tuneamos un chiringuito de la finca para poner el puesto de bebidas y montamos una zona con mesas altas y bajas para que los invitados se relajaran y disfrutaran del momento.

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La novia encargó unas coronas de flores de tela que colocamos en un puestecito para que las invitadas pudieran elegir la que más le gustaba y mejor iba con el look que llevaban.

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En el centro de la terraza había una fuente, la llenamos con tinajas y cestos con flores y ramas para ambientar el protocolo de mesas.

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Quisimos dar una sorpresa a la madre del novio que se había enamorado de una foto de un sitting que hicimos hace tiempo, y lo replicamos a la entrada del secadero de tabaco, que era el lugar que los novios habían elegido para la cena.

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Siapro se encargó de que la falta de luz no solo no fuera un problema sino que diera pie a una iluminación espectacular con focos y bombillas.

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Continuará…

Fotos: Cristina Cañibano

Una boda en Merida I

Todos los años solemos salir de Asturias para hacer alguna boda fuera pero siempre por el norte: Galicia, Santander… a 300, 400 kilómetros de casa, pero nunca antes habíamos cruzado media España para ir a decorar una, nunca hasta el año pasado que fuimos a Mérida, hicimos 800 kilómetros por el mejor de los motivos: el amor.

Todo empezó con una llamada de Paula de Living las bodas, le habían encargado la organización de una boda y quería contar con nosotras. No nos lo pensamos ni un minuto y dijimos que sí. No fuimos las únicas: Global Rent y Siapro también aceptaron la propuesta. Tachamos varias hojas del calendario y empezó una aventura.

Nos instalamos cinco días en el hotel Rural Cerro Principe que había próximo a la Iglesia y a la finca donde se celebraría el banquete. Éramos un equipo. Un equipo de muchas personas capitaneado por Paula. Las familias de Gabi y Rocío nos hicieron sentir como en casa,  estuvieron pendientes, participaron en los preparativos y nos cuidaron mucho. Yula, la madre del novio estuvo especialmente implicada y pasó muchas horas en la finca con nosotros. No olvidaremos las cervezas, cocacolas y hamburguesas que nos llevó.

La familia de Rocío es de Arroyo de San Servan y quiso casarse en la Iglesia de su pueblo que tiene un retablo barroco impresionante y muy colorido. En la fachada colocamos un adorno muy importante que tuvimos que preparar en tiempo record porque las temperaturas eran altas y el sol daba de pleno a esa hora del día.

La boda fue el 16 de septiembre y quisimos reflejar en la decoración el color que tenía el campo en esa época. Para lograrlo usamos hortensias agostadas, brezo, hiedra… dispusimos todo en cestos, porque pocas cosas hay más de campo que los cestos.

Colocamos un adorno al principio del pasillo para enmarcarlo. Llevamos desde Asturias la alfombra del sisal y los reclinatorios de lino para dar un aire más rustico.

Pusimos varios centros, uno en la entrada del pasillo y otro que empezaba en la escalinata y terminaba en el altar ,arropando a los novios y a los padrinos. Todos con faroles y cestos llenos de plantas y flores en tonos otoñados.

Continuará…

Las fotos son de Cristina Cañibano.

Una novia diferente

Cuando vimos una foto del vestido de Mariana supimos que iba a ser una novia muy especial. Eran dos piezas de Marta del Pozo, que Lucía Incera diseñó para ella tras entrar en la tienda por casualidad, con una sobrefalda bordada en tonos plata y tocado a juego. Pensamos en un ramo que imitara el efecto y el bonito colorido de esa tela cada vez que se movía.

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Buscamos una composición otoñal, igual que el tocado de flores que trenzó Mónica para la niña de arras.

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La ceremonia se celebró en Santa María de la Corte, un lugar muy especial para Mariana. Arropamos con flores a la novia en su camino hacia el altar, enmarcando la entrada y todo el recorrido que hizo hasta llegar junto al novio.

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A escasos metros, Rua Quince abrió sus puertas para recibirles con un aperitivo en el jardín. Los novios nos trajeron fotos de sus mejores recuerdos, que colocamos entre flores.

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Como había muchos invitados de fuera porque el novio es italiano, hicimos un bodegón asturiano con el menú del aperitivo.

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Mariana quiso rendirle un pequeño homenaje a su padre, eligiendo sus cuadros favoritos para dar nombre a las mesas. El protocolo en el que situaba a los invitados en el salón recreaba el taller de un pintor lleno de paletas y color, con la papelería de Living las bodas.

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(Esta foto la sacamos al terminar los preparativos).

En otoño oscurece antes y eso tiene una ventaja: se pueden encender las velas primero. Así que colocamos muchas en el jardín y también en el interior.

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Para la cena elegimos unos manteles estampados y bajoplatos rosas de Mvistetumesa que hacían una bonita combinación con los brezos que decoraban las mesas.

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En el baile contaron con la iluminación de Siapro. Nosotras decoramos las columnas del patio con verde y pequeñas bombillas haciéndoles sentir que aún estaban en el jardín.

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Parece que fue ayer, pero ya ha pasado un año. Muchas felicidades por vuestro primer aniversario.

Fotos: Mimosa27fotografía

 

 

 

Nunca igual

Lucia quería que su boda fuera igual de bonita que la de su hermana y a la vez, completamente diferente. El lugar y la época del año coincidían pero nada más.

Marcos Luengo diseñó para ella un vestido de líneas rectas y buscamos el contraste con el ramo de rosas de jardín, eucalipto y olivo.

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Para la decoración de Santa María de la Corte nos centramos en tres zonas: la escalinata, el inicio del pasillo y el altar. Mezclamos hortensias blancas, esparraguera, paniculata…

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Los novios entraron  al Real Balneario Las Caldas por el jardín, acompañados por todos sus invitados y el sonido de gaitas y tambores.

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En el salón de los espejos estaba preparado el aperitivo. Como había muchos invitados colocamos un bodegón en el centro con todos los platos que iban a degustar antes de sentarse a cenar.

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A Lucia le gustó tanto el protocolo de mesas de su hermana que nos pidió el mismo, pero le sorprendimos con algún detalle nuevo. La papelería era de Living las bodas.

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Si en la boda de Marta el color del brezo fue el protagonista, para Lucia buscamos otro tono típico del otoño. Trabajamos mano a mano con Siapro para crear una iluminación que bañara todo de naranja, creando un ambiente muy especial.

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La mesa presidencial era de mayor tamaño que el resto y estaba cubierta por un mantel de Mvistetumesa color calabaza.

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Las velas colocadas a distintas alturas y las luces de verbena daban un toque romántico y acogedor.

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El salón de los espejos se convirtió en una discoteca. Entre sus paredes disfrutaron de un concierto y una fiesta inolvidable.

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Las fotos son de nuestra querida Mercedes Blanco.