Una boda para recordar II

Cuando salieron de la Capilla, el jardín estaba preparado para ser el escenario de un aperitivo inolvidable con muchos abrazos, risas y la deliciosa cocina de Casa Gerardo.

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Mezclamos algunos manteles de lisos del palacio con otros estampados de M viste tu mesa y colocamos centros en tonos suaves.  El buen tiempo, el entorno y la compañía hicieron el resto.

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Los nombres de los invitados colgaban entre ramos de eucalipto, lavanda y gafas para aquellos que las habían dejado olvidadas en casa.

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La mesa presidencial estaba en el patio. Marta nos pidió una guirnalda que recorriera la mesa de una punta a otra y cayera por los extremos hasta el suelo. La trenzamos con las mismas ramas y flores con las que habíamos decorado el aperitivo pero añadiendo un detalle muy especial: una sopera de la vajilla del ajuar del Palacio a juego con los platos que habían elegido para el almuerzo.

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El resto de mesas estaban distribuidas por el corredor y los distintos salones del Palacio. Todas estaban decoradas con las mismas flores, manteles blancos y dos modelos de bajoplatos distintos: unos de mimbre de Meres y otros verdes de M viste tu mesa.

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Cuando terminó el aperitivo, el espectáculo gastronómico no había hecho más que empezar. El Chef Marcos Moran tenía preparado un menú para sorprender a los invitados y dejar un buen recuerdo en la memoria y en el paladar.

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Al terminar el almuerzo salieron a la campera, la parte de atrás del Palacio, un jardín infinito donde se puede disfrutar de las mejores vistas: al bosque y a la fachada de piedra cubierta de hiedra. Allí disfrutaron de un ambiente chill out antes de la fiesta, sin prisa y con toda la tarde por delante.

En ese entorno tan especial fue el primer baile, la entrega del ramo y… un concierto de The Third Floor.

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Fue una boda de esas que te alegra mucho que lleguen y da pena que terminen. Fue una boda para recordar.

El maravilloso reportaje es obra de Mercedes Blanco.

Una boda para recordar

Hay amigos que son más familia que aquella con la que compartimos apellido, son los García-Conde, a los que queremos mucho. Por todo eso, la boda de Marta fue muy emocionante.

Tenemos que reconocer que estuvimos tan ilusionadas como nerviosas, porque queríamos que fuera tan especial como merecen y estar a la altura del buen gusto de las madres de Marta y Borja.

Ella quería una boda bonita y clásica, inspirada en las de antes pero con un punto actual. La decoración tenía que ser importante y, a la vez, sobria.

Covadonga Plaza diseñó, partiendo de una mantilla de su abuela Cuca, un vestido romántico lleno de detalles. La novia no solo tenía  flores en el ramo, estaba rodeada de ellas, las llevaban las niñas de arras en sus manos y vestidos.

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Marta García-Conde pensó en tres modelos distintos para el cortejo, cada cual más bonito y especial. Para las niñas pequeñas hizo unos vestiditos con una tela estampada que trajo de Londres y encaje antiguo. Para las mayores pensó en unas faldas largas con vuelo. Los niños llevaron unos trajes de monaguillo. Un cortejo único para una novia que también lo fue.

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La capilla de Santa Ana estaba llena, no cabía un alfiler. Nos decidimos por una decoración sencilla porque es un espacio que pide poco para tenerlo todo. Colocamos la alfombra de sisal y los reclinatorios de lino. Al ser en el mes de julio y en un lugar rodeado de bosques como es el Palacio de Meres, elegimos árboles y ramas para dar un toque de frescor.

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La ceremonia fue vivida con mucha emoción porque era la primera de las nietas que se casaba y para todos los primos fue un gran acontecimiento que siguieron desde el altar con mucha expectación.

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Continuará…

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Fotos: Mercedes Blanco

 

 

 

Pronto será otoño

Aunque el verano aún está presente, nosotras tenemos la cabeza puesta en el otoño y en todas las bodas que tendremos en los próximos meses. Para inaugurar esta nueva época del año hemos rescatado las fotos de una de las más bonitas que hicimos el año pasado por esta misma época y que nos llevó hasta Cantabria.

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Gora vino a vernos con tiempo porque quería preparar su boda con calma, tenía muy claro lo qué quería y cuales iban a ser los proveedores que le iban a acompañar en un día tan especial y eso hizo que todo fuera más fácil.

Covadonga Plaza le diseñó un vestido con una falda de tul tan impresionante como la pedrería que empezaba en los hombros y terminaba en la espalda. El tono de ese adorno y del tocado de Le Touquet nos marcó el colorido del ramo en el que además de ponerle sus rosas favoritas, añadimos unas ramitas de eucalipto buscando el gris del bordado.

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La Hostería Castañeda fue el lugar elegido por los novios para su boda, fuimos juntos a visitarlo y a planear como sería todo, empezando por la ceremonia civil que se celebraría en el bosque.

Nos pidieron mantener la estética del bosque así que apostamos por el color verde, hojas y  ramas. Mezclamos helechos, hiedra, paniculata… buscando el aire otoñado propio de la época. Un momento emotivo y muy romántico con los novios enmarcados en el arco y cientos de árboles arropando los bancos donde se sentaban los invitados.

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Para el aperitivo hicimos centros con brezos a juego con el estampado de los manteles.

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El protocolo de mesas con la papelería diseñada por de rosas y Baobabs lo colocamos a la entrada de la Hostería aunque realmente parecía que lo habíamos puesto a la entrada del bosque porque estaba rodeado de helechos, brezos, hiedras…

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A la novia le encantan las velas, así que decidimos sorprenderla con cientos de ellas colocadas en vasitos, candelabros… al encenderlas todas daban una luz muy especial.

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Con su brindis damos la bienvenida al otoño y a todo lo bueno que está por llegar.

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Fotos: JFK Imagen social

Algo rosa

Algo rosa y no algo cualquiera, concretamente un velo creado con dos piezas de tul superpuestas: una rosa y otra de color crema teñidas en el taller de Covadonga Plaza nos sirvieron de inspiración para ponernos a trabajar. Marta quería algo natural, como es ella y eso fue lo que hicimos.

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Para el ramo intentamos recrear el efecto del velo con rosas spray y la paniculata seca. El eucalipto le daba el aire desenfadado que ella nos pedía.

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Pocas veces vemos un cortejo de arras tan numeroso como el que tenía Marta: siete niñas y dos niños vestiditos de blanca y capitas grises, a juego con el cielo, ya que esa mañana llovió muchísimo. Les hicimos unas coronas con hortensias en los mismos tonos que las rosas de su ramo. Todos vivieron con mucha emoción y nervios los momentos previos, primero mirando al cielo para que dejara de llover y después sin quitar los ojos de la novia. Por suerte, Marta y el sol salieron a la vez.

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La misa se celebró en la Capilla de Santa Ana, decorada de una manera sencilla pero especial para la ocasión. Estrenamos dos copas antiguas llenas de ramas floridas, propias de la época. Además, adornamos todo el altar con una guirnalda de flores blancas tal y como nos pidió la madre de la novia.

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A la salida empezó a llover y no solo pétalos, nada que no pudiera arreglarse con una sonrisa y un paraguas.

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Por el tiempo tuvieron que cambiar los jardines por los pasillos del Palacio para dar el ya habitual paseo, pero fue igual o más bonito y nos dejó imágenes tan bonitas como estas tomadas por Cristina Cañibano.

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Las flores del momento fueron protagonistas del aperitivo. No hacía falta buscar otros colores, el campo en abril nos regala unos maravillosos y no los quisimos rechazar.

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Marta quería plantas en vez de flores para decorar las mesas y a nosotros nos encantó la idea de hacer algo diferente y alegre. Aunque la boda era de mañana, apostamos por velas para dar un aire romántico a los salones.

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Antes del baile y de dar el ramo, los novios sorprendieron a sus madres con unas flores que preparamos con mucho cariño. Y es que ellas, que se volcaron tanto con la boda se merecían ese abrazo y muchos más.

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Después empezó el baile, la música, las luces… y todo lo demás.

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Una boda en primavera

Cuando la madre de Irene vino a contarnos que se casaba su hija todas pensamos que si se volcaba con la boda tanto como lo hacía cada vez que venía a los talleres de navidad, la organización no podía estar en mejores manos. Para ella fue un placer y para los novios una tranquilidad.

Les apetecía casarse en Oviedo así que buscaron Iglesia y lugar para el banquete en la misma ciudad y muy cerquita uno del otro. Pero para cerca, lo que estábamos nosotras de la diseñadora de su vestido de novia: Covadonga Plaza. Eso nos permitió ver su cara de felicidad al salir de las pruebas y ver la preciosa mantilla de su abuela que fue el punto de partida del traje que llevo ese día. Y no solo del traje, también del ramo ya que intentamos recrear el efecto de la puntilla con flores pequeñas y algún toque dorado.

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Como os habíamos dicho al principio, querían hacerlo todo en el centro de Oviedo así que eligieron San Isidoro, una Iglesia que está en la plaza de ayuntamiento y tiene un espectacular altar barroco.

Al ser tan rico arquitectónicamente, apostamos por una decoración sobria con pocos adornos y grandes. Colocamos dos copas con flores junto al altar y otras dos a ambos lados del Sagrario.

Como el pasillo es estrecho, colocamos una alfombra de flores y dos copas justo antes de los últimos bancos y dejamos el pasillo despejado para que la novia pudiera entrar cómodamente del brazo del padrino.

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Al acabar la misa, familiares y amigos pusieron rumbo al Hotel de la Reconquista dando un agradable paseo. Al llegar allí incluso los que nunca habían estado en la ciudad, lo reconocieron y es que la fachada del hotel es uno de los rincones más emblemáticos de nuestra ciudad.

El aperitivo se sirvió en el hall de entrada. Preparamos una gran copa en la mesa central con flores en tonos suaves. Muchos estaban de pie e iban a ver dónde y con quien se sentarían después, buscando su nombre en el  sitting plan que colocamos en uno de los rincones.

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La cena se sirvió en el Patio de los Gatos. Tuvimos una idea y la suerte de contar con todo el equipo del hotel que nos hizo el trabajo fácil y agradable. Pensamos en una distribución de mesas distinta a la habitual, manteniendo únicamente en el centro la mesa presidencial y colocando alrededor mesas cuadradas y rectangulares.

Para decorar y también para los más despistados, colocamos un sitting plan a la entrada del salón. Las velas estaban presentes en muchos rincones, incluido el corredor en el que estrenamos una colección de velas led que parecen de verdad y dan luz además de tranquilidad.

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La mesa presidencial tenia sillas distintas y una colcha familiar como mantel. Ya sabéis que esos detalles hacen que sea todavía más especial. Colocamos un centro alto para enmarcarla todavía más y que se viera desde todos los ángulos del salón.

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El verde tuvo que compartir protagonismo con el rosa como homenaje a la primavera.  Jugamos con distintos recipientes y velas de todos los tamaños para crear algo especial y diferente.

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Esta vez no vamos a terminar con una foto del baile sino de la corona que le hizo Mónica a la novia para que se pusiera cuando terminara el primero y se quitara la mantilla.

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Gracias Mercedes por unas fotos tan bonitas, siempre es un lujo coincidir contigo. Si queréis ver más imágenes de esta boda podéis leer el post que ella escribió.

Como en casa en cualquier parte

Uno de los privilegios de nuestro trabajo es que solemos ver el traje de la novia antes del día de la boda. Cuando Ana Cristina nos lo enseño, nos quedamos impresionadas por el volumen que tenía la falda y lo bonito que era el cinturón. Enseguida se nos empezaron a ocurrir ideas para el ramo: tenía que ser recogido y corto porque el talle era bastante alto y no queríamos que tuviera que estar pendiente de los tallos. No quería llevar color, pero tampoco que fueran blancas, así que le enseñamos unas rosas color champagne.

Semanas después se estaba vistiendo en el Palacio de Meres y la verdad es que iba como una autentica princesa.

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La capilla de Santa Ana estaba preciosa decorada con hortensias, tan típicas del verano y tan nuestras. Adornamos los pulpitos y colocamos una guirnalda en el altar. Aprovechamos distintos rincones para colocar algunas velas, que siempre dan mucha calidez. Los testigos, que eran un montón, arroparon a los novios y vivieron la ceremonia desde primera fila.

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Para que el novio no echara de menos su tierra en un día tan especial, Ana Cristina decidió traerle un trocito de San Sebastián. Un grupo de baile regional amenizo el aperitivo con la reverencia y el aurresku, que fue vivido con emoción por unos y con sorpresa por otros.

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El espectáculo siguió con las propuestas gastronómicas de Nacho Manzano entre las que nunca falta el arroz con pitu.

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De San Sebastián a París se va dando un paseo, eso fue lo que pensaron los novios cuando nos contaron su idea de poner a las mesas nombres de los lugares más emblemáticos de la ciudad del amor. Para que nadie se perdiera había un mapa que nos había traído la novia de uno de sus últimos viajes.

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Pese a lo grande que es Paris, logramos meterlo en varios salones del palacio. Pensamos en manteles blancos y en centros coloridos para crear contraste y recrear ese romanticismo que tiene la capital de Francia.

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Si hay algo que sabe bien la gente de San Sebastián es hacer de la gastronomía una fiesta. Y que mejor ocasión que una cena para crear la tamborrada, un acontecimiento que tiene lugar la víspera de la celebración de su patrono y en la que se iza la bandera y salen las distintas sociedades gastronómicas tocando la marcha de Sarriegui, vestidos de cocineros y tocando barriles y tambores. Ni ese era el día ni estaban allí, pero eso fue lo de menos.

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Desde niña hasta ahora

Conocemos a Carolina desde que era una niña y venía con su madre a buscar adornos para el árbol de navidad, por eso nos emocionamos al saber que se casaba y que quería contar con nosotras.

Que estuviera viviendo en Nueva York no fue ningún problema para prepararlo todo.  La distancia no existe con una madre volcada e internet. Todo fue posible y además, un placer.

Aunque estaba lejos, para el vestido pensó en Covadonga Plaza, como ella sí que estaba cerca pudimos ver el traje y pensar un ramo acorde. Era un diseño muy sobrio con unos bordados de hilo que caían desde los hombros hasta la espalda. Como era bastante entallado, jugamos a crear contraste, dándole volumen con las flores: rosas de distintos tamaños que atamos con una cinta de terciopelo del tono de los tallos.

Carolina se vistió en el Real Balneario de las Caldas,  donde luego se celebraría el banquete. Nosotras que estábamos decorando el salón y teníamos muchas ganas de verla vestida de novia, por suerte, Mercedes Blanco decidió bajar al salón de los espejos, que es uno de los rincones más espectaculares del Balneario, a hacerle unas fotos antes de salir para la Iglesia. Y pudimos verla y compartir esos momentos previos tan especiales: con sus emociones, nervios y recados de última hora.

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Para la ceremonia eligieron la Iglesia de San Juan de Priorio, que está  próxima y es muy bonita. Querían algo sencillo y sencillo lo hicimos. A ambos lados de la puerta colocamos copas con paniculata y distintos verdes que parecían cogidos del jardín. Es una forma de acompañar a la novia a la llegada y de recibir a los novios a la salida.

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Dentro colocamos la alfombra de sisal y los reclinatorios de lino. La sencillez es algo bonito y quisimos mantenerla, por eso colocamos solamente dos adornos altos de hiedra y paniculata. Menos a veces, es más y esta fue una de esas veces.

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Al terminar la ceremonia los novios fueron recibidos por una banda de gaitas y un montón de besos. Empezaba a atardecer, se encendieron las luces y las velas y pusieron rumbo al balneario.

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El aperitivo se sirvió en el salón de los espejos y haciendo honor a su nombre escribimos el menú en uno de ellos. Como es espectacular y no hace falta decorarlo mucho, colocamos un bodegón en el centro que era una explosión de color y naturaleza.

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Colocamos el protocolo de mesas en el pasillo que iba desde el salón de los espejos al comedor donde se celebraba la cena. Inspiradas por las velas y los brezos que tanto gustan a Carolina, pensamos en algo muy colorido y con un toque otoñal.

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El salón tenía el blanco como protagonista así que decidimos restarle importancia con los jarrones, portavelas de plata y los primeros brezos de la temporada. Los bajoplatos de M Viste tu mesa, encajaron muy bien.

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Del ramo de Carolina tenemos muchas fotos y la última no podía ser más especial, sobre todo para ella, que lo recibió emocionada.

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Bailar a la luz de las velas está muy bien, pero si además puede añadirse luces de verbena todavía mejor. Y eso fue lo que pusimos para el primer baile y para todos los que vinieron después.

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También puedes leer sobre esta boda en el blog de la Champanera.